jueves, agosto 21, 2008
miércoles, agosto 20, 2008
jueves, agosto 07, 2008
Well...
Claro, es Elvis, ¡Elvis vive!
Así que let´s rock!
It´s one for the money!
Two for the show!
Three to get ready!
Now go, cat, go!
Se trata del "Elvis Festival", en Penticton, Columbia Británica. Donde se reúnen los mejores imitadores del Rey año con año.
Hay como una versión de cada Elvis, el decadente cachetón adicto (mi preferido), el hipster buena onda, el Teddy boy fresa y el galanazo padrote de balneario, como se puede ver a continuación.
Aunque algunos se parecen más a André el gigante.
Deberíamos de organizar eventos similares aquí, qué tal el "Rigo is love, love is Rigo Festival", o el "Chicochelluza", o un "Juangatón". Todos a buscar qué ídolo del pueblo podríamos imitar.
Hasta los carros se disfrazan, este es un pointer homenajeando a un Plymouth.
domingo, junio 29, 2008
Canadian (fairy) tale
Aquí les dejo un mapa que pueden ver a detalle si le dan click:
Ahora tomemos un avión en Vancouver y vámonos al Valle de Okanagan.
¡Sí! un avión de hélices, cuando bajé me sentí uno de los Beatles llegando a algún lugar
¡BIENVENIDOS AL VALLE DE OKANAGAN!
En el viñedo de arriba viví momentos etílicos que incluyeron meditación dentro de una pirámide, lo que hace uno con tal de seguir "catando" vinos.
Aquí la onda son los viñedos, el lago, el clima de pocahontas en verano, los resorts con alberca, mucho vino, queso, jamón serrano y las playas ¡sí, playas en el lago! y sobre todo poder pasar horas sin encontrarse con ningún otro ser humano, pues Columbia Británica es del tamaño de la mitad de México y sólo tiene 4 y medio millones de habitantes.
Aquí arriba algunos detalles de lo que me iba encontrando en las ¿ciudades, pueblos? que hay alrededor del lago, a saber: Kelowna, Penticton y, como olvidar un nombre tan hippie: ¡Summerland!
Árbol a orillas de Kelowna.
Animalitos que uno se encuentra por estos lares.
El perro me contó que estudió con un discípulo de Jung.
(Creo que no debí de haberme llevado Fear and loathing in Las Vegas para leer...)
En esta época del año amanece a las 4:30 am y hay luz hasta las 11 de la noche más o menos.
Cosa harto extraña y llamativa para un habitante del trópico como su servidor.
La flora del lugar, ustedes disculpen, pero me late la onda campirana, hasta pensé en estudiar agronomía juar juar.
Y una imagen más que es "pure greeting card material".
Y mañana, a volar unos cuantos miles de kilómetros hacia el siguiente lugar:
¿Ya saben cuál es?
Échenle coco, no hay prisa, aquí los aguanto.
miércoles, mayo 28, 2008
Una tarde en los Stockyards
Hay desfiles diarios y mucha gente paseando por aquí los fines de semana.
Paul, en la foto de arriba, se siente orgulloso de caracterizar un "Texas ranger", un pistolero que alejaba a los bandidos de los pueblos y protegía las caravanas.
Arriba, el amable David muestra sus suertes. Cuenta que es jubilado y que cada sábado va a los Stockyards por gusto, para mostrar el orgullo que siente de sus raíces.
La ciudad lleva su nombre en honor de William Jenkins Worth, el militar que derrotó numerosas veces al ejército mexicano durante la independencia de Texas y que puso en el Río Bravo la primera bandera estadounidense.
Durante la invasión a México, Worth capturó Puebla, entró a la ciudad de México y se encargó de quitar la bandera mexicana y de poner la bandera de Estados Unidos en el Zócalo mexicano. Lo que le ganó la categoría de héroe en su país.

La bandera de Estados Unidos fue izada el 14 de septiembre de 1848 y permaneció en el Zócalo hasta el 12 de junio de 1849, cuando fue retirada con honores.
En este rincón se conserva el estilo del viejo oeste, aunque los modernos vaqueros han sustituido sus caballos con potentes motocicletas Harley-Davidson y beben cerveza de marcas locales como “Lone Star” y “Buffalo Butt”.
Este veterano de la guerra de Vietnam desea que se vayan los mexicanos de su país, pues "hacen el trabajo por menos dinero y le quitan el trabajo a los estadounidenses".
Fort Worth ha cambiado la cría de reses por la construcción de aviones de guerra. Uno de los orgullos locales es la fábrica de aviones Lockheed y en los alrededores de la ciudad se encuentra una de las principales bases de entrenamiento, así que antes de irse a Irak y otros escenarios de guerra, los aviones sobrevuelan la ciudad en vuelos de prueba.
Como quise pasar desapercibido, me vestí con sombrero vaquero, playera de fan de la NASA, lentes oscuros y tenis que brillan en la oscuridad (10 dólares en "Payless").
¡Nave espacial mata F-16!
martes, mayo 20, 2008
Jumping Someone Else's Train
18 horas es el tiempo que dura el viaje en tren de la ciudad de Chihuahua a Los Mochis. 18 horas para apenas pasar de un estado a otro.
En ese mismo tiempo un avión podría llevarnos a China, o podríamos ir a cualquier ciudad de Estados Unidos y regresar.
18 horas, cuando estamos acostumbrados a tomar un avión y cambiar en 2 horas nuestra vieja ciudad, por una moderna urbe texana o una playa caribeña.
Pero esas 18 horas devuelven la idea de viaje, al ir viendo los cambios del paisaje y experimentar la espera, mezcla de ansiedad y emoción.
El Chepe es el nombre del tren que atraviesa Chihuahua por barrancas y valles 4 veces más grandes que el Gran Cañon de Colorado. 20 mil caballos de fuerza, que arrastran un vagón restaurante, un vagón bar y 2 vagones para pasajeros.
Plantaciones de trigo, barrancos, puentes, túneles, pueblos, bosques, vegetación tropical y profundos desfiladeros son algunos de los paisajes que se van viendo a lo largo del día. Y ver México desde la ventanilla de un tren no es poca cosa.
En las estaciones las mujeres rarámuris o tarahumaras ofrecen sus artesanías, no hay hombres, seguramente han emigrado.
A bordo, uno de los empleados canta y toca la guitarra. Créanme, pocas cosas tan chidas como no tener nada qué hacer más que ir viendo el paisaje, y si se acompañan de una cheve fría mejor.
El tren se detiene en estaciones como San Rafael, Cuauhtémoc, Divisadero, Cerocahui, Bahuhichivo y Creel.
Es posible usar el mismo boleto para hacer 4 paradas y pernoctar en alguno de los pueblos.
Por la tarde, el sol va convirtiéndose en una esfera rojiza, que ilumina en tonalidades cálidas los paisajes de las horas finales del viaje.
Ya no tengo por delante las 18 horas de recorrido, ya oscureció y no quisiera llegar todavía.
Es de noche, sopla un viento tibio. Es perfecto.

